por alguna razón que desconozco, siempre hay un momento en el que, después de apagar la luz y justo antes de quedar completamente dormida, me pongo a pensar en miles de cosas: ya sea que me hayan pasado en el día o que planeo hacer el día siguiente o las lecturas que tengo pendientes, en las pláticas con Johnny Trujillo, cualquier cosa.
esta vez estuve (y no dejo de pensar) en el libro que estamos leyendo para la clase de romanticismo: Le operette morali de Giacomo Leopardi.
algo que me encanta de los libros es que, sin querer o queriendo, dejan una marca en el cerebro -suena muy burdo, pero no se cómo explicarlo-, ya sea por la forma en la que están escritos o por la historia, por algún personaje, alguna escena, una ilustración llamativa, un diálogo, un verso, alguna palabra en especial, la portada, un color, cualquier cosa. en el caso de éste libro de Leopardi es por un poco de todo.
sé que igual suena muy cliché decir “este libro cambió mi vida”, pero es verdad. cada diálogo en el que está dividido el texto tiene algún mensaje escondido que espera ser descifrado. es como si Leopardi, encerrado en su estudio y como distracción para no pensar en sus múltiples convalecencias, se haya puesto a ver cada uno de los defectos que tenemos los humanos; los haya estudiado y comprendido de tal forma que, a la hora de escribir cada diálogo, éstos defectos fueran plasmados con un lenguaje tan complejo pero al mismo tiempo tan comprensible que producen una reflexión constante de uno mismo.
este libro, aún cuando llevo leído poco más de la mitad, me ha hecho pensar en cómo nos comportamos con los demás, en las cosas que creemos necesarias pero que en realidad no lo son tanto, en la felicidad y cómo sin que nos demos cuenta se termina, en el aburrimiento y hasta me ha hecho recordar uno que otro mito clásico que ya tenía olvidado.
este libro es, como muy bien lo dijo el profe hoy, un libro inclasificable por el contenido filosófico que tiene pero que, por la forma en el que está escrito se hace “menos pesado o menos aburrido” sin dejar de perder todos los mensajes que hay detrás.
alguna vez en una clase del semestre pasado una maestra dijo que si todos leyéramos a Cesare Pavese (otro autor increíble), todos seríamos mejores personas. ahora creo que si todos leyéramos a Pavese a Leopardi y obviamente a Dante, el mundo que conocemos sería completamente distinto.
y pues ya, regreso a tratar de dormir.